sábado, 12 de junio de 2010

El Club de la lucha (1999)



Fight Club
dirigida por David Fincher y protagonizada por Edward Norton, Brad Pitt y Meat Loaf. Basado en la novela homónima de Chuck Palahniuk.

Jack (Edward Norton) es un representante del nihilismo pasivo nietzscheano. Vive una vida cuyo símbolo más representativo es una fotocopiadora: vida previsible, controlada, ausente de valores fuertes. Cuando pierde todo renace en él -bajo la identidad de Tyler Durden- una nueva conciencia. Con este abandono aparece la verdadera posesión de sí mismo. La violencia física, limpia, noble, que le hace más fuerte y le centra en lo verdaderamente importante. Los límites de mi subjetividad son los límites de mi capacidad para encajar golpes (el límite de la subjetividad genealógicamente hablando es el límite de mi cuerpo alcanzado). Driden representa ese nuevo yo que desconoce el concepto de culpa y por tanto de orden o responsabilidad. Está más allá de la moral o del ordenamiento jurídico-normativo. Más allá de toda queja, de todo victimismo la aceptación del dolor prepara el nacimiento para un nuevo tipo de fortaleza: "No hay un Dios que te quiera, ni te consuele, te vigile o te ame". Eres el producto del azar. El club de la lucha liderado por Driden se convierte en un grupo anarquista cuya última finalidad -con el preludio de ciertas bromas al sistema- es volver a empezar la historia destruyendo las bases de datos de todos los bancos: un estado primigenio muy parecido al que destilaría el Übermensch. Porque "no eres tu trabajo, ni una cuenta corriente, ni el coche que llevas, ni los pantalones que llevas puestos: somos la misma mierda cantante y danzante del mundo". La crueldad y la desolación dejan de tener un valor negativo en la antesala de la nueva civilización. "Quiero que el crudo de todos los petroleros inundara todas aquellas playas que yo no veré".

No hay comentarios:

Publicar un comentario